Textos destacados
Tesoro del Conocimiento

«La llamada teoría platónica de las Ideas no es algo que Platón inventara; el concepto de las relaciones entre los arquetipos inteligibles y sus imágenes fue central en el pensamiento egipcio y en el mesopotámico desde sus remotos comienzos. La verdadera novedad fue la racionalización de esta teoría y la consecuente separación respecto de su marco mitológico inicial y de su propia integridad teúrgica al adaptarse al logocentrismo dialéctico y al gusto de los sofistas de aquel tiempo. Habiendo quedado reducida al nivel del abstracto razonamiento dianoético y de sus universales mentales, esta teoría se vio empobrecida e implicada en la incesante discusión acerca de las realidades que no pueden revelarse íntegramente a la inteligencia discursiva y, por tanto, aparecerán siempre como contradicciones lógicas. El lenguaje simbólico de las visiones fotogógicas, de las imágenes, de los colores y de los aromas y los sonidos litúrgicos se desprecia o abandona en favor del monopolio del discurso racional, cuya apertura es limitada pero cuyas pretensiones metafísicas son absolutas. Por eso toda discusión en torno a las Ideas termina siendo demasiado antropocéntrica, restringida a la dimensión del discurso humano.
Esta apasionada creencia en el omnipotente poder de la racionalidad y sus categorías es en sí irracional, ya que ninguna verdad intelectual puede comunicarse mediante formas discursivas. La estructura del lenguaje hablado resulta inapropiada para la expresión de ciertas verdades y realidades elevadas. En su Comentario a las categorías de Aristóteles, Simplicio expone que, aunque las categorías sean empleadas semánticamente en referencia a cosas reales, habrían de verse como entes conceptuales que o simbolizan o son imágenes de sustancias genuinas, y no como realidades.
El discurso es una actividad externa propia de las almas que se han encarnado, por lo que la filosofía restringida al pensamiento discursivo racional encontrará los mayores obstáculos para aprehender la verdad divina y sus Formas trascendentes. Sin embargo, los jeroglíficos, medu neter, son símbolos e imágenes para la contemplación: funcionan como medios de elevación. A este respecto, los jeroglíficos son análogos a los divinos synthémata de los neoplatónicos, es decir, a los signos teúrgicos pertenecientes al reino noético.
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De acuerdo con Sara Rappe, la forma más elevada de hermenéutica neoplatónica podría considerar la filosofía, en última instancia, una mera ficción. Esta postura tan radical la estableció Damascio, que, en un intento por promover una vía estrictamente no dual hacia la oscuridad de Nun, lo Inefable, se mostró crítico no sólo con las premisas metafísicas de la filosofía de Proclo, sino también con la discursividad en cuanto tal:
El conocimiento se da mediante la visión intuitiva o el silogismo, o se reduce a una especie de visión diluida y oscura con que las cosas se ven desde la distancia, por decirlo de alguna manera, pero a expensas de la necesidad lógica; o bien [el conocimiento] es una engañosa forma de razonar que ni siquiera puede operar a distancia, pues como mucho se limita a concebir ciertas ideas basándose en otras. Lo que reconocemos por medio de este pensamiento es el orden material o la privación de éste, o, en general, aquello que carece de realidad.
Sin embargo, como ya apuntó Titus Burckhardt, aunque la espiritualidad (en un sentido apofático y como sabiduría perenne que trasciende a sus vehículos formales) sea independiente de la forma, esto no implica en modo alguno que no pueda ser expresada y transmitida por algún tipo de forma. Cabría añadir que sin un soporte formal no sería posible transmitirla, pues la trascendente Realidad divina está más allá de toda comprensión y experiencia humana. Si el estilo del arte sagrado, con el que se sostiene la espiritualidad de toda civilización tradicional, es perpetuado por el poder del espíritu inmanente, y por tanto no puede imitarse desde fuera, entonces la teoría de las Ideas podría expresarse por medio de diferentes formas sustentadas por diferentes revelaciones. La tradición egipcia de los medu neter no puede traducirse al discurso racional de los griegos sin perder sus características esenciales y sus significados esotéricos imbuidos en las formas, las figuras, los colores y los rituales que los acompañan.»
Algis Uzdavinys en "La filosofía como rito de renacimiento"

