Textos destacados

Tesoros del Conocimiento

«A lo largo de los milenios, las culturas han abrazado y descartado innumerables imágenes de la luz. De igual manera, en una sola vida hemos vivido de acuerdo con diferentes interpretaciones de ella. Mediante la investigación, la práctica artística y la contemplación silenciosa, el ser esquivo de la luz se recrea una y otra vez en el ojo de la mente y ofrece nuevas epifanías a cada generación. Cuando se la ve con mil ojos, la luz por fin descansa con nosotros en el refugio que hemos creado.
   Ver la luz es una metáfora de ver lo invisible que hay en lo visible, de descubrir el frágil ropaje imaginal que mantiene unido nuestro planeta y todo lo que existe. Cuando hayamos aprendido a ver la luz, lo demás caerá por su propio peso.»

Arthur Zajonc en "Capturar la luz"

«El abismo entre la ciencia y el espíritu nos afecta hoy porque los científicos implicados en esa clase de debate saben muy poco sobre las verdaderas enseñanzas del espíritu. Se limitan a recoger las historias que se cuentan en todos los púlpitos del país y lo toman por espíritu científico cuando, de hecho, no es más que una versión de la ciencia del espíritu. Y desgraciadamente, los eclesiásticos tampoco conocen su ciencia, de modo que en realidad las dos partes están disparando a fuego cruzado. Pero son sencillamente dos formas complementarias de mirar la realidad.»

Micheál Ledwith en "¿Y tú qué sabes?"

«El verdadero arte nos deja paralizados, suscita en nosotros un estado emocional en el que la mente queda cautivada y se alza por encima del deseo y la repulsión, mientras que el falso arte tiene el efecto contrario, ya que su objetivo es hacer que el perceptor actúe, piense o sienta de cierta manera preconcebida. El artificio renuncia al poder de revelación, que es prerrogativa del arte, para suministrar información, convirtiéndose en mensaje, opinión, juicio, estímulo fisiológico o mandato. Que la información sea verdadera o falsa, buena o mala, agradable o no, carece de importancia. El artificio no es falso arte por su falta de moralidad, sino porque su estética se funda en intenciones ajenas al ámbito estético. En otras palabras, mientras que el arte descansa en su propio carácter autotélico (la expresión por la expresión), el artificio se apoya en la comunicación práctica. El verdadero arte nos conmueve; el artificio trata de movernos.»

J. F. Martel en "Vindicación del arte en la era del artificio"

«Y es eso lo que simboliza a fin de cuentas el icono de la Virgen Negra. El color oscuro, ya lo hemos dicho, es la imagen de lo que no se ha manifestado, de lo que permanece oculto, y en este ámbito corresponde a Prakriti, la Sustancia universal, con la que se identifica también María. Y este color negro se aplica también a fortiori al grado supremo, que es el más oculto. El negro de la materia prima, que es la indistinción potencial, es el reflejo, en este plano inferior, de la no-distinción principial de lo Infinito, de la Mahashakti, el Eterno Femenino divino, el negro de esa Tiniebla más que luminosa, para emplear la expresión de Dionisio Aeropagita. El icono negro es el icono de la Magna Mater, la Maha-Devi de la India, que en este aspecto se llama Kali, La Negra

Jean Hani en "La virgen negra y el misterio de María"

«Si se define la democracia como el gobierno del pueblo por sí mismo, en eso hay una verdadera imposibilidad, una cosa que no puede tener siquiera una simple existencia de hecho, tanto en nuestra época como en cualquier otra; es menester no dejarse engañar por las palabras, y es contradictorio admitir que los mismos hombres puedan ser a la vez gobernantes y gobernados, porque, para emplear el lenguaje aristotélico, un mismo ser no puede estar en acto y en potencia al mismo tiempo y en el mismo aspecto. Hay ahí una relación que supone necesariamente la presencia de dos términos: no podría haber gobernados si no hubiera gobernantes, aunque sean ilegítimos y sin otro derecho al poder que el que se han atribuido ellos mismos; pero la gran habilidad de los dirigentes, en el mundo moderno, es hacer creer al pueblo que se gobierna a sí mismo; y el pueblo se deja persuadir de ello tanto más voluntariamente cuanto más halagado se siente y cuanto más incapaz es de reflexionar lo bastante para ver lo imposible que es. Es para crear esta ilusión por lo que se ha inventado el sufragio universal. Es la opinión de la mayoría lo que se supone que hace la ley; pero aquello de lo que nadie se da cuenta, es de que la opinión es algo que se puede dirigir y modificar muy fácilmente; con la ayuda de sugestiones apropiadas, siempre se pueden provocar en ella corrientes que vayan en tal o cual sentido determinado; no sabemos tampoco quien ha hablado de fabricar la opinión, y esta expresión es completamente justa, aunque sea menester decir, por lo demás, que no son siempre los dirigentes aparentes quienes tienen en realidad a su disposición los medios necesarios para obtener este resultado. Esta última precisión da sin duda la razón por la cual la incompetencia de los políticos más visibles parece no tener más que una importancia muy relativa; pero, como aquí no se trata de desmontar los engranajes de lo que se podría llamar la máquina de gobernar, nos limitaremos a señalar que esta incompetencia misma ofrece la ventaja de mantener la ilusión de la que acabamos de hablar: en efecto, es solamente en estas condiciones como los políticos en cuestión pueden aparecer como la emanación de la mayoría, puesto que son así a su imagen, ya que la mayoría, sobre no importa cuál tema que se la llame a dar su opinión, está siempre constituida por los incompetentes, cuyo número es incomparablemente más grande que el de los hombres que son capaces de pronunciarse en perfecto conocimiento de causa.»

René Guénon en "La crisis del mundo moderno"

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