Textos destacados
Tesoros del Conocimiento

«Ya hemos señalado anteriormente la central importancia que reviste el concepto de Caos en el sistema filosófico de Zhuangzi. Hemos visto que, según él, el Ser en medio del que vivimos, y del que formamos parte integrante, se revela como Caos cuando intuimos su realidad en la experiencia de sentarse en el olvido. En la visión extática característica de dicha experiencia, todas las cosas aparecen caotizadas. Nada permanece sólido y estable. Presenciamos la asombrosa escena de las cosas transmutándose, libremente y sin obstáculos, unas en otras.
Esta imagen del Ser no debe hacernos pensar sólo que la Realidad es literalmente caótica y nada más. El Caos es una realidad metafísica, pero no representa más que un aspecto de la Realidad. En medio de este aparente desorden, hay un orden supremo que gobierna todas las cosas y acontecimientos del mundo fenoménico. A pesar de su aparente confusión, todas las cosas que existen y los acontecimientos que se producen en el mundo son y se producen de acuerdo con las articulaciones naturales de la Realidad. A este respecto, el mundo en que vivimos está determinado por una Necesidad rigurosa. ¿Cómo podría ser de otro modo? Las diez mil cosas no son sino formas en que aparece y se determina lo Absoluto. Son formas de la autorrevelación de Dios.»
Toshihiko Izutsu en "Sufismo y taoísmo"


«Muchos pensadores creen que el espíritu es anterior a la materia, y que ésta ha emergido del mismo. Por lo tanto, el Universo sería una creación del espíritu, que ha existido siempre, incluso antes de que en la nada tuviera lugar el Big Bang. En definitiva, la filosofía perenne defiende la existencia de una experiencia mística universal y atemporal: la vacuidad para un budista mahayana; la unión con Dios para un místico cristiano; el Brahman para un hinduista de la tradición advaita vedanta; una absorción sin objeto para un yogui de Patanjali; la iluminación en el sufismo; el Todo en el zen y el taoísmo.»
Jorge Blaschke en "Más allá de lo que tú sabes"


«Los románticos —en especial Novalis y Friedrich Schlegel, impulsores de la revista Athenäum, y Hölderling— no buscan una belleza estética y armónica, sino dinámica, que deviene y, por tanto, no armónica, puesto que (como enseñaron también Shakespeare y los manieristas) lo bello puede surgir de lo feo, la forma de lo informe, y viceversa. Se trata, en definitiva, de plantear de nuevo las antítesis clásicas del pensamiento para reconsiderarlas en una relación dinámica: recortar la distancia entre sujeto y objeto —y la experiencia de la novela es decisiva para la formación de este sentimiento— con vistas a una discusión más radical de la separación entre finito e infinito, individuo y totalidad. La belleza se configura como sinónimo de verdad en un replanteamiento profundo de una hendíadis tradicional.»
Umberto Eco en "Historia de la belleza"


«¿Cuál es el espejo en el que el símbolo aparece como imagen de un arquetipo eterno? En primer lugar la imaginación, si pensamos en el carácter figurativo, plástico, del símbolo, contrariamente a la noción abstracta. Pero, en un sentido más amplio, es la razón la que, en cuanto capacidad de conocer y de discernir, refleja el espíritu puro; y, en un sentido todavía más amplio, el propio espíritu es el espejo del Ser absoluto. Plotino dice del espíritu absoluto que mira al Uno infinito y que, por esta visión que nunca llega a captar enteramente a su objeto, evidencia al mundo como una imagen siempre incompleta; es como un reflejo roto ininterrumpido.
Según una sentencia del profeta Muhammad: Hay para cada cosa un medio de pulirla y de quitarle la herrumbre. Y lo que sirve para pulir el corazón es el recuerdo de Dios. El corazón, el verdadero centro del ser humano, es, pues, como un espejo que debe ser puro para poder recibir la luz del espíritu divino.»
Titus Burckhardt en "Ensayos sobre el conocimiento sagrado"


«Buscar un sentido es como buscar un pozo, un manantial, como hacemos cuando caminamos por el desierto. Buscar un sentido es también buscar el fino hilo de seda que teje y recompone los grandes rotos de nuestra vida. Como escribe Kundera, continuamente buscamos signos para volver a vincularnos a nuestra historia: Las historias personales, aparte de suceder, ¿nos dicen también alguna cosa? Pese a todo mi escepticismo, conservo un poco de superstición irracional, como esa curiosa convicción de que todo acontecimiento que me sucede comporta además un sentido, significa algo; que la vida nos habla a través de su propia aventura, nos revela paulatinamente un secreto, que se presenta como un acertijo que hay que descifrar, que las historias que vivimos forman al mismo tiempo una mitología de nuestra vida y que esa mitología contiene la llave de la verdad y del misterio. ¿Es una ilusión? Tal vez lo sea, incluso es probable que lo sea, pero no puedo reprimir esa necesidad de descifrar continuamente mi propia vida.»
Jean-François Vézina en "Las coincidencias necesarias"

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