Textos destacados

Tesoros del Conocimiento

«No hay nada que produzca tanto terror como enfrentarse a las tinieblas interiores, a nuestra sombra interna. Haremos casi cualquier cosa para evitar tener que mirar en los recodos oscuros de nuestra alma. Y con razón. La oscuridad contiene muchas cosas a las que el ser humano no puede enfrentarse. Existe el mal, por supuesto; todos estamos familiarizados con eso, pero también hay muchas cosas que no son ni buenas ni malas, simplemente están más allá de nuestra capacidad de comprensión. Lo portentoso, lo mágico y todas nuestras futuras posibilidades también están escondidas en esa oscuridad, y con demasiada frecuencia, con nuestras cortas miras, las confundimos con el mal. Cuando empezamos a descartar algo automáticamente como malo, cuando de hecho solamente es algo que está fuera de nuestra experiencia normal, deberíamos recordar las palabras del poeta, pintor y místico William Blake: Todo lo que es posible creer es una imagen de la verdad.
   No existe ningún cambio que no empiece en las tinieblas del alma humana. Primero tenemos que descubrir una entrada a esa oscuridad y después alumbrar una pequeña vela para poder buscar nuestro futuro yo, y finalmente tenemos que unirnos a ella. Y para ello se necesita ingenio y paciencia, y por encima de todo valor.»

Robin Robertson en "Su sombra"

«Al plantear una aproximación al sentido simbólico del negro es preciso previamente establecer una clara diferenciación entre el negro como ausencia y el negro como Presencia. El negro como ausencia de luz, la tiniebla que mantiene cautiva la luz, y el negro como Presencia, la Luz Negra, cuyo efecto es el resultado de la excesiva proximidad o anodadamiento del místico en la Luz de la Esencia divina. La luz que vela la intensidad del fulgor de la luz divina, permitiendo así su manifestación. En este capítulo sobre el negro nos referiremos a este negro de luz o negro como Presencia. En cuanto al otro negro existen también numerosas referencias a él en la literatura, es el negro de la ceniza que se adhiere a la luz como un pesado fardo o el que distrae la atención de la mirada del foco de luz. Sin embargo, hemos preferido centrar la atención en el negro luminoso, el negro que permite ver la luz, el negro de la pupila que es el negro de la visión, Noche divina del no saber que da nacimiento a la luz, la oscuridad divina, el Sí mismo divino, la sombra luminosa que permite la manifestación de lo divino, la cueva donde Bahram desaparece tras rebasar los colores fluctuantes de los estados, el negro de la sabiduría que reúne los secretos de los colores y cuya intensidad solo puede soportar el iniciado. El negro, Arcano fundamental, Jesús del Ser, Negrura suprema que contiene en potencia todo cuanto existe, Luz cuya intensidad ciega al iniciado.»

Ana Crespo en "Color y Sufismo"

«Más allá de un mundo inundado por los enigmas de las ciencias dominantes, está emergiendo un nuevo concepto del universo, que trasciende las ideas establecidas; en su lugar aparece un concepto nuevo y viejo al mismo tiempo: el universo in-formado, que tiene sus raíces en el redescubrimiento de la tradición ancestral del Campo Akasha como holocampo basado en el vacío. Según este concepto, el universo es un sistema coherente con un alto grado de integración: un sistema vacío súper macroscópico. Su propiedad más importante es la información que es generada, conservada y transmitida, y vincula todas sus partes. Esta característica es totalmente fundamental. Transforma un universo que se dirige a ciegas desde una fase de su evolución a la siguiente, en un sistema estrechamente interconectado que se construye a partir de la información que ya ha sido generada.»

Ervin Laszlo en "El universo in-formado"

«No cabe duda de que se trata de la descripción de una experiencia estética y extática, metafísica y mística, que transporta al alma a otra dimensión, a su verdadera patria, y le permite contemplar la fuente de toda belleza, una Realidad quizá con múltiples rostros, uno de los cuales es el rostro de lo Bello. Como el resto de realidades ejemplares, arquetípicas, a las que el idealismo platónico llamó Ideas, no se trata de fenómenos situables en coordenadas espacio-temporales, sujetos al nacimiento y la muerte, ni tampoco de conceptos lógicos pensables por la razón humana. Se trata de realidades esenciales en una dimensión atemporal e inespacial, no sometidas a condiciones relativas (psicológicas, históricas, culturales), únicas, al parecer, válidas para los diferentes tipos de relativismos que se fueron apoderando de la mentalidad y la sensibilidad moderna y contra los que ya Sócrates y Platón tuvieron que combatir dialécticamente, representados entonces por los sofistas.
   Aunque todas las cosas bellas desaparecieran, aunque todo en esta manifestación sensible dejara de existir, y con ello nuestros cuerpos y el ojo de la carne, la Belleza absoluta no sufriría menoscabo alguno, ni tampoco la contemplación de la misma a la que seguirían teniendo acceso las almas inmortales, desnudas, desencarnadas, incorpóreas, en su propio mundo, su propio plano, su propia dimensión anímica-espiritual a la que Platón denominó el mundo inteligible. El ojo del alma no muere y la contemplación sigue siendo posible.»

Vicente Merlo en "Simbolismo en el arte hindú"

«Como maestro espiritual, he conocido a una gran cantidad de personas que se han pasado muchísimos años meditando. Una de las generalidades que comentan es que, a pesar de haber meditado durante todo ese tiempo, no sienten ninguna transformación esencial. A muchas personas se les escapa la profunda transformación interna que ofrece la meditación (la revelación espiritual), incluso a los practicantes veteranos. La verdad es que existen razones específicas por las que algunas prácticas meditativas, entre las que se cuenta la que yo seguía, no conducen al prometido estado de transformación. La explicación principal es extraordinariamente sencilla y, por tanto, es fácil perdérsela: nos ponemos a meditar con una actitud equivocada. Asumimos una actitud de control y de manipulación, y por eso nuestra meditación nos conduce, aparentemente, a un callejón sin salida. El ser en estado despierto, el ser en estado iluminado, también es conocido como el ser en estado natural. ¿Es que acaso podríamos alcanzar nuestro estado natural mediante la manipulación y el control?»

Adyashanti en "Meditación auténtica"

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